miércoles, 5 de marzo de 2014

Cuando me acerco...




Cuando me acerco...


A veces pienso que somos como dos imanes que a menudo se juntan por el mismo polo. Me acerco, y a medida que me aproximo, tu te vas alejando, en un recorrido interminable en el que en un determinado momento creo empezar a estar mas allá de mis límites.... Y decido retroceder poco a poco, intentando llegar a sitios conocidos, a lugares que me resulten familiares....,  y justo en ese momento, tu giras 180 grados y mi carga positiva atrae irremediablemente tu carga negativa y te acercas a mi.

Me sigues en ese retroceso, sin dudas, sin miedos. Y empiezo a sentirme yo mismo de nuevo, recupero la seguridad en mi, y de nuevo empiezo a darme, porque es lo que quiero, es lo que me nace, de corazón, confiado. 



Pero inevitablemente cuando empiezo a darme a ti, empiezas a retroceder. Tu imán vuelve a girar 180 grados y mi carga positiva está frente a tu carga positiva, y de nuevo a cada paso que doy, tu retrocedes, como ese campo magnético, invisible, pero como una barrera infranqueable. 

Automáticamente un avance de mi imán es seguido de tu imán que se aleja, en una danza continua y aparentemente sin fin. Una danza, en la que no sé en que momento, pierdo el compás.

Pero cuando soy consciente de que ya no bailo, cuando reparo en que solo me contorsiono, me dirijo a mi silla...tímidamente, con recato... y me siento.

Y  justo cuando no he hecho nada mas que sentarme, apareces de nuevo invitándome a bailar, y por la razón que sea, soy incapaz de decirte que no, que esperes a la próxima canción, a la próxima fiesta. Simplemente te sonrío, me levanto, y cojo tu mano mientras te acompaño de nuevo a la pista.