martes, 17 de mayo de 2016

Bajo mi piel...


Bajo mi piel…

La vida duele, no me refiero al sufrimiento que todos experimentamos en alguna ocasión, me refiero, a cuando has probado la miel, has saboreado las delicias de sus labios, has explorado los rincones más ocultos de ella, cuando tu ser se funde con su ser, cuando te sientes tan VIVO que duele, eso  es justo lo que quiero decir,
que duele vivir.

Tal vez un poco  exagerado, pero cada uno siente a su manera, y yo siento así, a lo salvaje, y también me duele a lo salvaje.

Hay  momentos en que es tan intenso lo que vives, o tan dulce lo que vives, o tan placentero lo que vives, que te duele no haberlo tenido antes, o te duele no tenerlo siempre.

Y es que la vida es así, y nosotros somos así, cuando estás mal, la vida duele, pero cuando estás bien, de vez en cuando, también te duele.


Y me duele que nuestras pieles se separen, que nuestros labios se alejen, que se interrumpa nuestra energía, esa energía que se produce cuando llevamos un rato juntos.

A veces pienso que es como si se hubiera puesto mi piel, porque se introduce en mí y no genera rechazo en mi organismo, me llena, me invade, me completa.

Pero cuando no está me siento vacío y me duele, porque me falta una piel, su piel.

Me falta su piel eterna que me cubre el alma, me arropa los sentidos y me acuna el espíritu. 

Por eso me duele la vida, porque cariño cuando tú no estás, es menos vida, no es mala, pero me parece insuficiente.

Ven pronto que hace frío, ven a curarme, a taparme con tu alma, con tu risa, con tus besos, con tus caricias.


Ven a que me duela VIVIR, pero ven...